JOAN BUENO

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Nacido en Barcelona el año 1932, estudia en la Escola del Treball. Trabaja durante cuatro años como aprendiz con el prestigioso decorador Ramon Rigol y obtiene su título de delineante proyectista en 1949. Hasta el año 1952 trabaja como freelance en Publicidad y Decoración. Después del Servicio Militar,  el año 1954 se traslada a Londres donde estudia Publicidad y Grafismo en Saint Martin's School of Art. De 1956 a 1958, después de viajar a Moscú, llega a Islandia donde trabaja como publicitario, y se dedica a pintar y dibujar todos los pueblos costeros de este país, exponiendo con mucho éxito. A su regreso a España, sigue trabajando en Publicidad y Decoración en distintos estudios gráficos. Desde 1983 hasta 1997 ejerce como profesor de Dibujo y Pintura en la Escuela Municipal de Esplugues del Llobregat. A lo largo de todos estos años hasta la actualidad, se dedica a dibujar y a pintar las calles de Barcelona.
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Carlos Sarrate conoce a Joan Bueno desde hace años por haber estudiado juntos en el Círculo Artístico de Sant Lluc en Barcelona. Profesor de filosofía y pintor, ha escrito sobre Joan en numerosas ocasiones, dándonos su particular punto de vista sobre este gran pintor de calle. Carlos hace un blog, Carlos Sarrate, aquarel.les i dibuixos, donde podéis leer más historias sobre su relación con Joan.

homenaje a Joan Bueno, Cercle Artístic St. Lluc 

Joan Bueno ultima cada año un volumen manuscrito con sus aventuras por los caminos de Santiago. Si puede invertir un tiempo en leerlo, acostumbrarse a su letra y a su sintaxis, descubrirá rincones insólitos del viaje y del alma del protagonista. Joan es uno de esos espíritus libres que escribe páginas de papel con el mismo estilo desbordado con que dibuja,con descripciones de la ruta, de los menús de campaña, de los peregrinos que conoce a su paso por el Camino y sus relaciones estables o episódicas con ellos; dibujos de barras de bar, chicas avistadas apenas con un pensamiento sugerido en la mirada, dibujos de otras mujeres con las que ha conversado, chismes que pilla de paso, pensamientos confesados a los demás, historias semi-religiosas fantaseadas a lo largo de las horas... Dibujos de iglesias, fachadas, calles, caminos y puentes; confesiones de temores, deseos y sueños. Los precios de las pensiones, la calidad de las camas de los albergues, los pensamientos de cuando uno no puede dormir y la mente divaga por los tejados de la gente que sí duerme. Reflexiones también sobre “qué hago aquí”, a veces en tono de reto y a veces con sencillez. Muchas cosas. Muchos hemos conocido a Joan Bueno en el ambiente de la sala de apuntes del Círculo. Allí suele haber un silencio religioso, una grave concentración e incluso una disposición ceremonial del espacio. Hay que mirar con ojos de extraño qué demonios hacemos allí, como hacen los ojos de la gente que nos visita cuando escapan a la vigilancia del portero y se cuelan en las salas. Si esperan observar a escondidas a una señora desnuda, yo creo que la mayor parte de las veces asisten de intrusos a un oficio religioso; por fuerza deben sentirse incómodos y salen pronto. Allí, todo el mundo hace un semicírculo alrededor de la figura desnuda. Incluso si se sospecha que el artista observador tenga un trasfondo “voyeur”, lo cierto es que está tan bien conducido y sublimado, que lo que se aprecia es un conjunto de hombres y mujeres que comparten la experiencia sagrada de representar el cuerpo desnudo. Seguramente es algo parecido al respeto que tendrían los habitantes de Altamira por el primer artista que llevó un bisonte a la pared de la propia cueva. Nosotros, en una especie de ceremonia de culto a la figura, llevamos el cuerpo al papel. Como nuestra sociedad lo trivializa todo, nos pasa desapercibido que aquí hay algo muy serio que quizá podríamos acordar que es una forma de meditación.

Volvamos a aquel silencio que se ha hecho en la sala de apuntes. La gente suda, el reloj clamacada tres minutos y tú piensas que si al menos te hubiera dado tiempo de situar la pierna de la modelo en el papel... Pero las lamentaciones duran poco y de nuevo volvemos a estar en aquel silencio obstinado de la nueva pose. De repente, se abre la puerta con energía y entra Bueno con bata azul. El hombre coge una silla, la arrastra ante otra, desenrolla unos enormes papeles blancos como de embalar, los coloca en un mostrador grande, saca un tintero de bolsillo y un trozo de palo, y mientras todos estamos pensando si la posición del pie de la modelo se sitúa más arriba o más abajo, el amigo Bueno, con unos trazos frenéticos y precisos, ya ha hecho la mitad de la figura: este hombre dibuja con nervio unas figuras duras, con fuerza, a veces un poco deformadas siguiendo su instinto pero en conjunto bien encajadas, y con unas medidas que superan con creces todo lo que hace la gente en el Círculo. Mientras todo el mundo remira su trabajo para corregir, modular y matizar, él simplemente tira el papel al suelo, coge otro y hace un segundo dibujo de la misma pose. Su manera de hacer refleja una especie de insatisfacción activa y energética; un presente que relega la obra al pasado y que persigue un futuro que pronto queda atrás. Más vale que le pongan un camino muy largo, digamos que del Delta a Santiago caminando, o de Le Puy a Finisterre, porque si no a Bueno se le acabará pronto y lo mandará todo a la pila de los papeles desechados.

Esta manera de hacer concuerda con las ideas que aparecen en el prólogo del camino del Ebro (2004): "Lo mejor es practicar y verter, salga lo que salga... -mejor que no lo mires; al terminar el trabajo espera una semana, después te darás cuenta de que se puede conservar-. Ya veis que no os tiene que asustar; el mismo destino te sale al paso y te hace pagar por lo que no has hecho. De lo hecho, no se quiere ni acordar. Siempre estamos en deuda con nosotros mismos: no trabajamos bastante, nos encantamos en ideas irrealizables y no hacemos el día a día. Trabajar, trabajar y trabajar, que la inspiración, cuando nos visite, nos encuentre con el pincel en la mano. Y verter y verter”. Él es exactamente todo esto: no pensárselo demasiado y dibujar (o pasar a la acción). “Confiar en el destino que guiará tu mano (o tus pasos); no asustarte de lo que haces, sino de lo que no haces; estar en eterna exigencia contigo mismo, vivir el presente y no encantarte con quimeras”. Bueno llena papeles de tinta como hace kilómetros: con intensidad y quizás huyendo de no sé qué.

Pero también hay que decir que este peregrino que dibuja mientras peregrina, conecta con aquel aspecto medio religioso del dibujar que decíamos y que es el acto mágico de representar. De normal, lo que admira la gente cuando se pinta en la calle, cuando dicen aquello de "¡Mira! ¡Se lo ha hecho solo en media hora!", no es la belleza o la proporción de formas o colores, sino exactamente la capacidad de representar, de duplicar la realidad y llevártela en conserva a casa. Esto lo hace Juan Bueno con creces. Es el maestro del deambular por las calles de Barcelona y dibujar todo lo que tiene delante; y en verano por estos caminos de Dios, dibujar todo aquello con que tropieza, hombre, animal o cosa.

En las cosas hay siempre muchos niveles de acercamiento. Un aspecto que enfatiza el propio Bueno de sus viajes es el hilo paralelo de una fantasía que le acompaña toda la ruta. “Para terminar la historia que empecé el año pasado, me fabricaré el personaje.” (2005, 17) Este año Joan busca a la Magdalena, que después de haber enterrado a Jesús en Compostela bajo una

lluvia de estrellas, deja a Santiago en Finisterre entre pescadores que piensan hacerle pescador de hombres y se va a Francia. Pero ahora vuelve a Finisterre para encontrar la tumba que solo ella conoce. Bueno busca una mujer viuda que vuelve a tener ganas de vivir y cada mujer que se cruza en el camino es una candidata a esta atribución. (32, 35 ... 52) En este viaje

"el destino me ha puesto en bandeja una mujer detrás de la otra" (49). Me eximiré de hacer ninguna interpretación sobre esta fantasía y me temo que tendrán que leerlo si les pica la curiosidad, pero el resumen oral del viaje que me hizo en persona fue este: “Buscaba a la Magdalena. ¿Y qué papel tenías tú en esta historia? Ninguno, solo era el observador”. Una vez le preguntamos por qué demonios hacía el camino de Santiago cada año, si era por devoción o por deporte. Se enfadó un poco porque este es un hombre de genio, y el genio ya se sabe que quiere decir esa cosa también. Pero sus textos dan pistas más allá de la estúpida disyuntiva de la pregunta (pueden ver el epílogo de 2004, 11 ss). Ahora bien, más allá de las ganas de aventura romántica, de dormir bajo las estrellas y volver a la naturaleza o hacervacaciones baratas, nos dice cosas profundas como estas: “En el camino puedes volver a creer en la buena gente, en héroes y gente desinteresada. Así, el camino elimina los pensamientos negativos y "hace tirar las pastillas" como lastre, porque te sientes corporalmente pletórico; allí hay una especie de locura de la fantasía del todo es posible y de la gente feliz, que es contagiosa. Y de todo ello se deduce que el camino "es la mejor medicina" y como la medicina funciona, se convierte en hábito y en "adicción del camino". Y el próximo año vuelves. No hay peregrinos que se crean buena gente; ven a los otros mejores que ellos y como aquellos, son unos inocentes... Creen que los demás van de verdad, pero que ellos son unos pecadores, por qué van por el interés de aventuras gratis, de tejado y a veces de comida gratis, de encontrar gente mejor que uno mismo, de la que no se encuentra fuera del camino...” A Joan le cuesta poco creer que el camino es milagroso... “Te hace resucitar los viejos héroes de tus aventuras juveniles - todos ellos héroes puros, desprendidos, haciendo el bien, arriesgándose por los demás, salvando vidas-“. (2004) O también: “El camino no es mágico, nosotros queremos hacerlo mágico”. (2005, 43).

Esto parece escrito por alguien que, desde la madurez personal, sabe que juega un juego, pero que sabe que es muy serio. Este camino de Santiago funciona, en algún aspecto, igual que las experiencias de voluntariado: podemos vivir, tal vez por unos días, la experiencia de la esperanza de una Humanidad mejor. Raimon cantaba aquello de "quien ha sentido la libertad tiene más fuerzas para vivir". Ahora, treinta años después, podríamos decir: "quien ha sentido la solidaridad tiene más fuerzas para vivir". Resulta una explicación sencilla. Es como si dijera: “Voy a hacer el camino de Santiago y me esfuerzo durante días a duras penas, no solo para "conocer gente", por mucho que sea "gente interesante", sinó para reconfortarme en la creencia de que existe una humanidad posible y la voy a buscar en aquellos lugares y situaciones especiales donde sale a relucir. Esta humanidad es todavía inocente: no ha matado, no ha robado, no ha engañado. Como al menos me veo a mí mismo; yo sé que no estoy libre de culpa, pero siento todavía una parte inocente que quiero ver reflejada en los demás y me esfuerzo en ver efectivamente esto en ellos”. Los apuntes escritos y los apuntes dibujados tratan de preservar la idea de que la situación es especial y muy valiosa. Por más que Bueno después nos diga que hay que saltar de una cosa a la otra incesantemente, hay todo un persistente esfuerzo en preservar un escenario especial donde el inocente se manifiesta. El Camino de Santiago se hace para poder mantener intacta la inocencia. Y quizá por eso se dirige al ramo de los artistas que somos una especie de otros inocentes, que podemos ocupar buena parte de la vida en encontrar una mirada estética de las cosas.

Carles Sarrate

Enero 2006